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15
MAR
2016
¿Pedir o no pedir?
Edu

 

 
Hace un par de semanas, poco antes de escribir mi última entrada, CADA me lanzó uno de esos retos que a ella tanto le gustan y como no podía ser de otra manera, le dije:Sí, claro”. El reto en cuestión es escribir una serie sobre los siete pecados capitales, ella lo desarrollaría desde su estilo personalista y yo me dedicaría un poco más a la psicología del asunto. Así que allá vamos, a ver qué sale de todo ésto y esperando que disfrutéis del resultado.
 
CADA eligió la codicia para la primera de las entradas de esta serie. Parece que pecados y psicología no se llevan demasiado bien, porque aparentemente entra dentro de la moralidad, la ética y la religión. Sin embargo, desde la psicología de los eneatipos, los pecados capitales tienen una importancia central, puesto que conforman el núcleo de pasiones profundas sobre las que se estructura nuestra personalidad. Pues sí, amigos míos, todos llevamos un pequeño pecado dentro de nosotros y en nuestro intento por no verlo, por reprimirlo y por defendernos de él, desarrollamos una serie de estrategias que todo junto, conforma nuestra personalidad, entendida como esa visión única de percibir y relacionarnos con el mundo y nosotros mismos”.
 
La pregunta entonces está clara, ¿cómo se relaciona un codicioso con el mundo y con sí mismo? Fundamentalmente desde dos puntos parecidos. En realidad la codicia está presente en dos pasiones básicas, que son la ira y sobre todo, la avaricia, y se define como el impulso para retener, en la falsa creencia de que lo peor que puede pasar en esta vida es quedarse sin nada.
 
El codicioso, o el avaricioso, está apegado a todos y todo y por lo tanto desarrolla una especie de economía interior donde lo único que puede hacer es perder. ¿Te imaginas lo doloroso que tiene que ser vivir en un mundo donde lo único que puedes ver es pérdida? Pierdes cuando algo se va, pierdes al prestar, pierdes al pensar que lo que tienes sólo es un préstamo y pierdes mientras retienes aquello que temes perder. En definitiva, pérdida por todas partes.
 
Visto así parece algo horrible y nadie se sentirá identificado con esta pasión, pero recordemos que es algo inconsciente, es decir, es nuestra manera natural de relacionarnos y observar el mundo, pero no está accesible directamente y en la mayoría de los casos incluso, cuando alguien nos lo señale, nos enfadaremos y pondremos mil justificaciones para no enfrentarnos al hecho de que sí, que efectivamente, soy codicioso.
 
Cualquiera de las nueve pasiones básicas nos aleja de nosotros mismos, lo importante no es el error concreto en el que caemos, sino darnos cuenta de que, en mayor o menor medida, todos estamos equivocados. Es un buen punto de partida para empezar a ver al codicioso con unos ojos un poquito menos criminales y empezar a tratar de comprenderlo mejor.
 
 
Imagen de politiquiando.com
Si eres codicioso o codiciosa, tampoco te preocupes demasiado, no es cuestión de martirizarse por no ser perfecto. Si estás enganchado a esta pasión, como cada cual estamos a la nuestra, es posible que seas solitario, indiferente y que la gente te considere mezquino. Probablemente tengas problemas físicos de estreñimiento y te cueste disfrutar de las relaciones cercanas. Parecen palabras feas, pero por favor no te dejes llevar por las connotaciones del lenguaje popular. No tiene nada de malo ser mezquino, al menos, no es peor que ser cualquier otra cosa en esta vida. Por cierto, la homeopatía si tomas “sepia”, te puede ayudar, al igual que la “Silica”. Consulta con un homeópata si te llama la atención el tema.
 
Lo que le pasa a nuestro amigo codicioso es que en realidad siente que no tiene nada, ni a nivel físico ni mental y por supuesto espiritual. Así que al pobre no le queda más remedio que tratar de acaparar todo lo que puede. Sean posesiones o relaciones. Evidentemente, esto les dificulta un poquito el compromiso porque siempre puede estar perdiéndose algo.
 
Pero claro, este blog no está pensado para criticar y si hemos dado un par de claves acerca de la codicia psicológica no es para hundir a nadie sino para indicar algunas de las cositas que se pueden ir haciendo (además de visitar a un terapeuta, cosa que como vemos, nos viene bien a todos y a mí el primero) para salir de tan ingrato sentimiento.
 
Por su propia configuración el codicioso tiende a la autonomía y también, de la misma forma que le cuesta dar, le cuesta pedir, porque en buena lógica, pensará que se lo van a negar. Si la visión que tengo es de pobreza interior,la solución, pasa, necesariamente, por empezar a darme cuenta de todo lo que tengo. La vida no es un juego de estatismos y contabilidades. La vida es un juego sí, pero de dinámicas lúdicas donde por cada cosa que doy, me son devueltas muchas más.
 
Sé que es posible que sientas que en tu casa no te dieron todo el amor que necesitabas o que tuvieras una madre posesiva y manipuladora. Bueno, está bien. Todos tenemos problemas con nuestras madres. Pero demos un paso más y empecemos a ver que no te las puedes arreglar sólo en la vida. Hace tiempo escribí sobre la necesidad y la debilidad. Probablemente te sientas débil al pedir algo. Pero si estamos convencidos de que la vida es dar y recibir, al darme la oportunidad de darte, me estás dando la oportunidad de seguir recibiendo. Así que por favor, ¡pídeme! Todo lo que quieras. Lo único que quiero a cambio es que me des la libertad necesaria para darte lo que pueda en cada momento sin manipulaciones. Sé que ésto es lo más complicado, porque al fin y al cabo, es lo que te han enseñado que es el amor. Pero tú eres capaz de sobreponerte a todas esas circunstancias adversas.
 
Hay un mundo por descubrir en cada uno de nosotros, todos tenemos algo que aportarte y sobre todo y mucho más importante, todos necesitamos eso que sólo nos puedes dar tú. Si la vida es una fiesta es precisamente porque todos contribuimos con nuestros únicos dones al ágape común. Así que si me ofreces tu “tú” te ofrezco a cambio mi “yo”, sin reservas. Ya verás que es mucho más divertido y que nos lo vamos a pasar de maravilla juntos.
 
Sé que parece mejor que te dejen solo, que el tren del amor ya pasó para ti y que al fin y al cabo todos están contigo para conseguir algo. Pero en el fondo de tu corazón, palpita una luz que grita, escúchala. No podemos ser felices en soledad, pero para vivir de verdad al lado de los demás, necesitamos mostrar lo que somos, aunque a veces duela, es la vida. La otra cara de la moneda, es que a medida que observes cómo el mundo está deseando darte todo aquello que anhelas, descubrirás cómo la cárcel de pesimismo y retención no es más que humo, un humo que sólo tú has permitido que creciera y por tanto, una cárcel que se abre sólo con que tiendas la mano hacia fuera, rompas los barrotes y sientas la confianza de mi mano que está esperándote, sin reservas, desde el otro lado.
 
Feliz semana para tod@s
 
Os quiero
EDU

 

Fuente: http://gente-educada.blogspot.com.es/

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