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08
MAR
2016
Oigo voces
Cada

 
 
Recuerdo aquella taza de café virtual que tomamos un par de veces cuando nos separaban miles de kilómetros. La excusa de sentir la ausencia y de necesitar un apoyo tan lejano que no llegaba, era el mejor desencadenante del quiero pero no puedo.
 
Observar de lejos es amargo pero sencillo. Genera la esperanza de volver y del reencuentro. Crea y recrea todo tipo de expectativas. Sirve para endulzar una separación y convierte todo en idealismo.
 
A veces creo que ya estoy pero que no me encuentro. Que aunque todos han llegado ninguno está presente.
 
La sórdida sensación de gritar y sólo tener de vuelta el eco se ha convertido en una compañera acérrima.
 
Y la culpa es toda mía. Por empeñarme en esperar en ausencia del momento. Por seguir asfaltando un camino que debería haber empezado a andar tal y como estaba; con sus piedras afiladas y todos esos cardos traicioneros. Andar en línea recta. Sin desviar un solo ápice la vista del horizonte. Del punto aquel de luz que proyecta el objetivo.
 
Si no te detienes, no te puedes estar equivocando.
 
Para no reconocer que desconocía cuál era mi senda, caminé en círculos a toda velocidad. Si los pisaba todos no podría errar…
 
Menuda imbécil y paranoica. Con todo lo valiente que fui para unas cosas… ¿cómo pude ser tan estúpida para otras?
 
 
 
 
Estoy confundida. Lo he estado siempre. Nací confundida y crecí más confundida aún.
Creo que incluso oigo voces.
 
La distancia lo ha sido todo para mí.
 
Aquello que está lejos es alcanzable, pero a largo plazo. Lo cual justifica las medias tintas.
Cansada del lamento del sí, pero no. De tus fábulas… y de las mías.
 
Sedienta de otra cosa aún por decidir.
 
¿Dónde estás cuando te tengo presente y eres como la nube de humo de un mago que se esfuma? ¿Dónde estoy yo, que jamás me dejo atrapar?
 
Todos formamos parte de un plan cuyas intenciones desconocemos. Es difícil tomar parte activa teniendo sólo los esbozos. Y, sin embargo, las decisiones se pueden y deben tomar. Es conveniente ignorar y eliminar la rabia que produce no entender los actos de los demás. Mejor aceptar y olvidar.
 
El viento ha empezado a soplar en la dirección adecuada. Lo que no tiene sentido es ir en su contra.
 
¿Aún no has aprendido que nadie te va a escuchar? Deja de dar gritos. No tienes la habilidad necesaria para coger las riendas de tu vida si persistes en la sumisión del caos.
 
Estar contigo es difícil y retenerte imposible.
 
Para empezar a enrollar la madeja de lana, conviene buscar el extremo.
 
Camina y no te detengas por nadie ni un solo día más. En algún momento todo se recolocará y verás con claridad hacia qué lugar apuntan todas las flechas.
 
 
…Busqué tus ojos como siempre lo había hecho; como siempre me habías dicho que yo lo hacía; pero evitaste su encuentro.
 
No es un adiós, es un hasta luego…
 

 

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