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11
MAR
2016
¿Es difícil soñar?
Edu

 

 
¡Qué difícil es soñar!, ¿no os parece? Nos pasamos un tercio de nuestra vida soñando mientras dormimos y un buen rato de nuestra vigilia soñando despiertos y sin embargo, parece que el mundo de los sueños se nos escapa como arena entre las manos. Interpretamos los sueños, los negamos criticando a aquellas personas que sueñan, tratamos de encontrar eso que llaman “sueños lúcidos”, estudiamos las fases del sueño mediante electrodos por toda la corteza cerebral y sin embargo, la actividad de soñar misma parece más una película de ciencia ficción que una realidad que todos vivimos y experimentamos.
 
Soñar es difícil porque parece que nuestros sueños nunca terminan de hacerse realidad. De hecho soñamos y esperamos pero la espera nos sorprende con canas en las sienes y espinas en el corazón. Nos desilusionamos, abandonamos y volvemos a empezar, con un nuevo sueño por cumplir que no termina de llegar por más que permanezcamos de pie en el mismo lugar...¡¡¡¡rrrinnnggg!!!! ¿soñar nos hace permanecer en el mismo lugar? Entonces, el sueño es causa de inmovilismo y de esa manera nunca terminaremos de salir de nuestra zona de confort.
 
Entonces...¡soñar no es difícil! Lo difícil es alcanzar los propios sueños. No me parece un mal descubrimiento para una estival mañana de jueves. Quizá es que hemos hecho una distinción poco acertada entre lo que significa estar dormido y estar despierto. Los sueños pertenecen, en apariencia, al ámbito de la fantasía, a lo que podría ser y no es. Pero luego te despiertas, observas la, a menudo, cruel realidad y coges el pico y la pala para seguir cavando en esta desdicha de existencia que te ha tocado vivir...Ayyy...Qué bonito sería que ese mundo ficticio de lo sueños fuera algo más que una evasión para corazones perezosos...
 
Y yo me pregunto...¿qué pasaría si fuera exactamente al contrario? ¿Si la realidad fuera la ficción y la fantasía perteneciera al mundo de lo material?. ¿Por qué no empezamos a dejar de pensar que no puedo alcanzar mis metas y comienzo a planificar qué podría cambiar para que mis sueños fueran la vida que vivimos? En ese instante, sueño y realidad serían lo mismo y no habría diferencia entre la vigilia y el sueño. ¿Y si este cambio es posible?
 
Podemos imaginarlo, podemos...Sueño con alcanzar una meta, la que sea.Pero en los sueños no me conformo con vislumbrar un objetivo, es mucho más que eso...vivo el objetivo. Me siento ya en un determinado estado. Como punto de partida, nos puede dar una pista que seguir. ¿Qué puedo hacer ahora para sentirme de la misma manera que durante mi sueño? Esto no es difícil, puesto que al fin y al cabo, los estados emocionales del sueño y la vigilia proceden del mismo lugar: una serie de conexiones neuronales activadas en una sucesión idéntica.
 
Supongo que lo primero que tendría que hacer es buscar aquellas actividades que me hagan sentir como quiero sentirme. O tratar de buscar en mi realidad cotidiana esos espacios donde sentirme así. ¿Cómo me sentía cuando era millonario? Sólo tengo que recordar mi sueño, no es demasiado complicado y ahora, ¿qué oportunidades de sentirme así me ofrece la realidad que vivo? Quizá no de una manera completa, pero seguro que hay un espacio en tu rutina diaria para disfrutar esas sensaciones. Vamos a probar a activarlas, si las has sentido en el sueño, significa que están en tu repertorio...El sueño hará combinaciones extrañas, pero lo que no puedo recrear soñando son sensaciones que no están en mí. Así que voy a intentarlo.
 
¿Qué sucede cuando empiezo a sentirme exactamente como quiero sentirme? Mi pensamiento ha cambiado, ya no estoy esperando pasivamente a que mi situación cambie, sino que provoco cambios en mi interior y eso me lleva a la conclusión de que por lo menos, una parcela de la realidad puede variar en función de lo que yo decido. Voy a decidir sentirme millonario, o propietario, o artista o sabio o lo que sea. Basta con recordar mi último sueño.
 
 
 
No es mal plan, EDU, pero yo soñé con una persona que me amaba, una persona que ya no está en mi vida y no puedo hacer nada para que vuelva. Y la echo de menos, mucho. Y eso me hace sentir mal, destrozado, perdido, abandonado....¡Espera, espera! Probemos el método en este caso también. Vamos a dejar de pensar, aunque sólo sea de forma hipotética y abstracta, en el dolor que me ocasiona la ausencia. ¿Cómo me sentía en el sueño con esa persona, mientras estaba a mi lado, mientras me cogía la mano, mientras besaba mis labios? ¿Qué experiencia tenía mi cuerpo? ¿Dónde lo sentía? Y una vez más...¿qué oportunidades me ofrece la vida, ahora, para sentirme de la misma manera?
 
Espera un momento, se empieza a abrir una pequeña luz en el centro del pecho. Es una sensación difícil de definir, porque aún es muy sutil. No la juzgo. No la interpreto. Simplemente observo y esa luz, sutil, empieza a convertirse en una sensación de apertura que siento más o menos a la altura de los pulmones. Y un recuerdo aparece en mi mente...es parecido, casi igual, a aquella vez...aquella que vez que me concentré en, aquella vez que sonreí, aquella vez que me paré con o aquella vez que hice...
 
Y hago, me paro con, me concentro en y sonrío...Y la sensación vuelve, sin prisa pero inconfundiblemente. Es cierto, esa persona no está a mi lado, no ha desaparecido el dolor que me causa su ausencia, o su indiferencia o su daño. Pero puedo elegir sentirme y hacer y vivir las mismas cosas que si estuviera. Y comienzo a conocerme mejor y comienzo a hablar contigo y a contarte cómo me siento y por qué, cuándo y cómo. Y me miras y en esa mirada descubro que la luz sutil de ayer en mi pecho vuelve a estar ahí, más fuerte, más segura. Pero no es la luz de tu mirada la causante. Es mi propia luz que se refleja en ella y te vas. No ha sido más que un instante, un café sorprendido entre dos atardeceres, pero la luz continúa. Porque en cada café de cada atardecer decido sentir esa luz que me hace sentir bien, aunque no sepa lo que es. Pero sí sé cómo actualizarla cada vez que quiero.
 
Y cuanto más intento recordar, más fácil me resulta sentir esa misma apertura más o menos a la altura de los pulmones. Y me gusta. Y ya no permanezco atento a las miradas de los demás, por ver si mis pulmones se expanden. Apenas me he dado cuenta, pero mientras andaba enfrascado en expandir esa luz, más o menos a la altura de los pulmones, el mundo ha ido cambiando, lenta pero inexorablemente. Tengo el mismo trabajo, pero la luz sigue ahí. Tengo los mismos amigos, pero la luz sigue ahí. Pero mi trabajo y mis amigos no son los mismos, ahora me tratan de distinta forma, me llaman más, me valoran más. Pero no me importa, porque yo sé que esa luz que brilla con cada elogio la he construido yo, recordando un sueño con una persona que me hizo daño, pero no me importa, porque esa luz sigue estando ahí, más o menos a la altura de mis pulmones.
 
Atento a la luz, casi no me doy cuenta como, mientras tomo un café sorprendido entre dos amaneceres, una mano se posa en la mía y una sonrisa queda grabada en mis ojos. La luz se expande aún más y esa sonrisa se amplía para decir: dime cómo has conseguido brillar tanto. Alzo la vista, sonrío. En esos ojos, que son otros ojos. En esa risa, que es otra risa.En esa piel, que es otra piel, se ha cumplido mi sueño, que es el mismo sueño. Porque mi luz está ahí, aproximadamente a la altura de los pulmones. Y sé que es amor. Y sé que es mío.
 
Y es verdad. Estamos confundidos. Sólo estamos verdaderamente despiertos cuando soñamos
 
Feliz quincena y hasta el próximo post
 
Os quiero
 

EDU

 

 

Fuente: http://gente-educada.blogspot.com.es/

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