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01
MAR
2016
Un acantilado muy animalado
Javier Cuesta

 

Estaba sentada en lo alto de un acantilado mientras roía nueces. Le gustaba sentarse allí para tratar de tomar decisiones importantes en su existencia, pues la vida de las ardillas es más complicada de lo que parece. 
Y allá estaba madurando la posibilidad de dejar atrás su Gijón del alma. El corazón se le había roto en pedazos y necesitaba tomar aire. Nunca le fueron fáciles las relaciones con los machos de su especie, y la última le había hecho perder hasta el brillo de su pelo. Así que entre nueces y canciones de Paquita la del barrio (cantante mexicana con muy mala leche) miraba al horizonte para tratar de superar un duelo que pensaba ella había provocado.
En ese momento y de manera sorpresiva, un ágil delfín apareció de golpe en el acantilado. Había saltado tan alto que fue a caer al lado de la ardilla.
- ¡¡¡¡Pa habernos matao!!!!- dijo con gracia el delfín. Y la ardilla entre sorprendida y divertida no pudo reprimir la risa. 
- ¿Siempre apareces de la misma manera?.- Preguntó.

- ¡¡Que va!!. Hay veces que la elegancia en mis movimientos para salir del agua se asemeja a la de Falete para meterse en ella-. La ardilla volvió a reir. 
- ¿Como has acabado en este acantilado?- interrogó la ardilla.

- La marea me trajo hasta aquí, y como ponerse en contra de ella es ir contra corriente me he dejado llevar y jugando con ella he saltado con ganas y.... ¡¡aquí estoy!!, al lado de otro mamífero, pequeño y peludo, y no me refiero al ratón Pérez. A todo esto, ¿qué hace una ardilla como tú en un sitio como éste?. Os imaginaba trepando por arboles mas que tomando el sol cerca del mar-.

- Digamos que estoy en crisis personal. No comprendo a los machos. Son todos gilipollas-.

-Gracias por la parte que me toca-. Rió con ganas el delfín, y, añadió

-Creí que ibas a compararnos con nuestros hermanos los cerdos. Aunque por otro lado muchos de mis colegas de género comparan a las hembras con zorras. Y digo yo, ser cerdo y macho, o hembra y zorra, tiene que ser peor que ser político en España-. 
La ardilla quedó pensativa ante la observación del delfín. - Creo que no comprenderías lo que me pasa. Eres de otra especie y de otro sexo-.

- Nunca subestimes a un delfín. Somos capaces de comprender incluso a los seres humanos-.

- Entonces no debéis ser de este planeta-. Contesto con gracia la ardilla.

- No. Realmente somos reptilianos, y controlamos el orden mundial-. Dijo socarronamente el delfín.

 

- Muy coospiranoico tu-.

- Muy vacilón diría yo mas-.

El caso es con estas divertidas conversaciones se generó muy buen rollo entre ambos animales y la ardilla decidió confiar en aquel bichejo de mar pues  le hacía sentir comprendida. 

Así todas las tardes ella se asomaba al acantilado y por allí aparecía el gracioso y simpático mamífero saltando con fuerza. 

Cierto día la ardilla le confesó lo que tenía en mente. Quería cambiar de aires. Empezar una nueva vida en otro sitio. La respuesta del delfín fue clara.

   

- Puedes hacer lo que quieras. Pero estas buscando fuera lo que tienes dentro. Allá donde vayas habrá machos como aquí, y te encontraras en la misma situación. No es el sitio lo que tienes que cambiar sino tu interior-.

La ardilla se quedo pensativa.

- ¿Cómo has llegado a esa conclusión ?.-.

- Me paso gran parte de mi vida en el agua, a merced de las corrientes y eso nunca va a cambiar. Pero un día me di cuenta que mi actitud ante esos movimientos acuáticos sí que dependía de mi. Así que decidí ponerme a favor. Desde ese día soy consciente de que mi bienestar depende de mí y de mi paz interior.

- ¿Eres un delfín o el mismo buda?- pregunto con gracia la ardilla.

- Bueno, creo que tenemos la misma cantidad de pelo- vaciló el delfín.

-¿La paz interior? ¿Como lograrla?- Para estar en paz con uno mismo es necesario estar paz con la creación-.  

-¡¡¡Anda que no eres místico ni na!!!-.

-Llámame Flipadillo. Soy primo de Flipper y seguro que lo flipo mucho más que el-.

La ardilla rió de nuevo. 

-A ver Flipadillo ¿qué es eso de ponerme en paz con la creación?-. 

-Significa aceptar todo lo que la vida te ofrece, tanto lo bueno como lo malo, e integrarlo en tu peludo ser. Eso implica aceptar a los machos como son. Tanto a los que te provocan felicidad como a los que te provocan diarrea, porque son estos últimos los que te enseñan lo que no quieres en tu vida-. 

- Suena difícil-.

- Tampoco es que sea hacer el cubo de rubick a la pata coja-. Apostilló el delfín que era mucho de tener la última palabra.

-Te contaré una historia pequeña ardilla. Hace mucho tiempo en ese momento en que luchaba contra las mareas mis relaciones con las hembras eran complicadas. Quería ser un delfín diferente y por ello elegí salvar a hembras en apuros. Estaba enfadado con la estructura de machos alfa de mi manada así que me posicioné en su contra sublimando a las hembras sin darme cuenta de una cosa. Soy un macho. Y hacer lo que hice era ir contra mi naturaleza así que lo de ir contra corriente era reflejo claro de lo que me estaba ocurriendo. Entonces un día nadando en el mar recitando en mi interior unas palabras que me enseñaron en las costas de Hawai ( lo siento, perdoname, gracias y te amo) me paré a observar la sombra que proyectaba mi cuerpo en el suelo del fondo,  y me di cuenta de que tan importante es mi sensibilidad, como mi fuerza, potencia y determinación. Un macho puede ser tan sensible y simpático, como firme y contundente, sin ser mejor ni peor por ello. Aquel día después de muchos años me relaje en mi masculinidad y comencé a eruptar sin control. Na, tranquila esto último es broma-.

- jajajja. ¿Sabes que eres muy tonto?- 

- La inteligencia me persigue pero yo soy más rápido-. 

La ardillita captó el mensaje del delfín. Esa noche fue la última vez que hablaron por un tiempo. La pequeña roedora había decidid marchar a otro lugar del mundo (nada menos que a México), y como le daba pena no se acercó a despedirse del cetáceo. Allí se encontró con la misma situación. Guerra con los machos. Y al igual que en su Gijón del alma se dirigió a un acantilado cercano a su bosque para reflexionar sobre lo que estaba pasando. ¿Y quien apareció? ¡¡¡Flipadillo!!!. Otra vez con una entrada espectacular y con su consabido.....-pa habernos matao-.  Y nada más ver a su querida ardilla dijo en plan socarrón...

- No hay costas en el mundo donde la corriente me puede llevar que siempre acabo en la que hay una pequeña bola de pelo-.

La ardilla contestó - Más vale tener, que no desear- y ambos rieron a carcajadas.

-¿Cómo te trata la vida maldito roedor?- preguntó Flipadillo.

- Pffff no se qué decirte. Más de lo mismo.- 

 - Aún así te veo cambiada-. 

- Bueno si. Hay una pequeña variación en mi interior. Creí que tenía una indigestión, pero por lo que parece....voy a ser una mama ardilla.- 

- Eeeee ¡¡qué sea enhorabuena!!.-. 

- Por un lado soy feliz, pero por otro él macho no es un animal con el que me gustaría traer un ser vivo al mundo.

- Creo que eres capaz de ser una buena madre sin ayuda de macho alguno-.

- ¿Está seguro?-

-Me juego la aleta-. Contesto sonriendo el cetáceo con una mirada que la traspasó.

- ¿Que ha estado haciendo durante este tiempo?.

- Pues dejándome llevar por la corriente y poniendo más paz en mi interior. He comprendido algunas cosas. Como que tú y yo nos encontremos de estas maneras. En cierta forma tú  tienes que solucionar algo con papa ardilla, como lo he tenido que solucionar yo con papa delfín-.

- ¿Un delfín psicoanalista?. A ver Flipadillo ¿por qué dices eso?.-

- Porque negar la parte masculina de nosotros mismos implica no aceptar el cincuenta por ciento de nuestro ser. Eso en hembras se traduce en malas relaciones con los machos, y en machos se traduce en dificultad para darse dirección en la vida. Soy consciente de ello porque está bien dejarse llevar por la corriente, pero si no tienes una sentido del rumbo a seguir, puedes acabar más perdido que un carpintero en el IKEA-.

- Comprendo. ¿ Y cómo se hace eso?.-

- El deseo y la intención del cambio es lo más importante. La última vez que me encontré contigo te hablé desde la teoría. No había deseo de cambio, pero se me llenaba la boca de palabras de coacheros y de libros de autoayuda. Tras mi último encuentro o desencuentro (según se mire) con una hembra, sentí tanto dolor que me hundí en las profundidades abisales que diría Cousteau. ¡¡¿Cómo podía volver a haber caído en lo mismo?!!. Solo así fui consciente de que mi dirección en la vida la marcaba el enganche emocional que podía surgir. Y la necesidad de reconocer a mi progenitor se hizo más patente que nunca. Así que tras varios días de reflexión y de conectar con mi corazón me di cuenta de que fue, es y será el mejor padre que puedo tener porque por eso soy el maravilloso delfín que siempre he querido ser. Así que viajé a su encuentro siendo consciente de que él viajaba al mío también, y por primera vez en mi vida le dije que le quiero. ¿Y sabes qué? Lloramos como dos plañideras, pero ese llanto liberó algo en nuestro interior que nos cargó de fuerza. No sé si esto responde a tu pregunta, pero quería contárselo a alguien y te ha tocado a ti-.

La ardilla sonriendo y visiblemente emocionada le dijo

– Gracias por haberlo compartido conmigo. Porque no serás un macho ardilla…-.

- ¡¡¡Dios mío!! ¡¡¡No sabía esa faceta tuya de zoofilia!!!. Respondió Flipadillo con una risotada.

La ardilla rió. Y el delfín añadió. – Mira en el interior de tu corazón, si es necesario siente el dolor, pero conecta con aquello que no te hace aceptar del todo a tu papá o incluso a tu mamá y… ¡¡sacaló fuera!!. El corazón no es tan grande como una mochila y aún así no dejamos de meterle cosas. Hazlo por ti y por la cría que está en camino. Si algo tengo claro desde que te conozco es que mereces todo el amor del mundo, pero para ello conecta con tu valentía y con tu deseo de cambio-.

- ¿ Crees que soy capaz?. Preguntó ella

 Y con una sonrisa y una mirada que la traspasó, el delfín respondió - Me juego la aleta-. Acto seguido se acercó la besó en su pequeña y peluda cabeza. La ardilla comprendió que se estaban despidiendo porque ambos habían compartido un aprendizaje común. Con lagrimas en los ojos embriagada por la emoción le preguntó

–¿Te volveré a ver?-.

-Cada vez que vengas al mar y te fijes en sus olas me verás. Pues el agua es la emoción y contigo he compartido la más pura. El amor incondicional-. Y diciendo estás últimas palabras Flipadillo se lanzó al agua desde lo alto del acantilado, y se alejó nadando con agilidad haciéndose su aleta cada vez más pequeña en el horizonte.

Si dos sexos diferentes y especies distintas llegaron a amarse de esa manera, ¿qué no puede lograr el ser humano abriendo su corazón?.

12
FEB
2016
Omaita
Javier Cuesta


   Llegamos  al mundo uno por cesárea y el otro por fórceps, lo que podría explicar tu dificultad para desapegarte de nosotros, y la nuestra para tomar decisiones importantes.
 

Luego nos diste todo el amor que supiste darnos y el que da todo lo que puede no está obligado a dar más. Criar a dos niños que se llevan tan poquito tiempo (un año y catorce días) no ha de ser nada fácil y tú lo lograste. Siempre nos cuidaste con mucho cariño y protección, y en algunos momentos de nuestras vidas estuvimos muy enmadrados.
 
Quizás las mejores anécdotas que recordemos sean los de risas y complicidades. Todavía surgen las carcajadas cuando rememoramos como eras capaz de pronunciar palabras extranjeras como te daba la gana. Por no hablar de la vez que te compraste unas zapatillas de estarenr casa con suela de gomaespuma. Las zapatillas eran tu herramienta disuasoria ante cualquier conato de pelea, pero cuando te compraste ese último modelo Made in Mercadillo, más que disolver la pelea que podríamos estar teniendo Gonzalo y yo, lo que provocabas era que  acabáramos muertos de  risa por el suelo porque los impactos de las zapatillas no nos dolían. Eso sí. Aprendiste rápido y recurriste al palo de la escoba.
 
Si de algo se compone nuestra educación a tu lado es de buenos y entrañables momentos. Tiene mucho mérito que una mujer rodeada de tres hombres (papa también tiene lo suyo) haya sido tan amorosa gran parte del tiempo. Aunque sí te digo una cosa. Cuando Gonzalo y tú os poníais a inventarme novias del colegio, me sentaba fatal. Quizás por eso solo hayas conocido a una de las que he tenido siendo mayor (no te asustes, no ha habido muchas).
 
Los años han pasado y los hijos hemos crecido. Gonzalo es un padrazo de familia enamorado de su pequeña beba, y yo soy un hombre maduro con canas en la barba (a falta de en la cabeza). Sé que a ti te da pena que esto suponga vernos menos, y que no llevas excesivamente bien la separación, pero, tienes que tener en cuenta una cosa: TE QUEREMOS.  Has trabajado mucho para que no nos faltara nada en casa. Te has llegado a olvidar de ti misma por el hecho de cuidarnos. Ahora te toca descansar. ¿Cuándo fue la última vez que te dedicaste a ti y hacer las cosas que te gustan?. Mamá ha llegado ese momento. No tenernos en casa es otra etapa diferente y que aunque no nos veas, no quiere decir que te hayamos olvidado en nuestro día a día. Todo lo contrario. Crecer hace que sintamos más que nunca el amor de lo que has hecho por nosotros. Algunas veces caes en el pobre de mí o tratar de usar el chantaje emocional, pero tu corazón es grande y tarde o temprano te darás cuenta de ello.  Y si no es así, te querré también.
 
Mamá de ti tengo muchas cosas. Comprensión, cariño, cercanía, sentido del humor… pero  has hecho algo que ninguna mujer va a poder hacer por mí (ni siquiera mi venerada Megan Fox).  Me has dado la vida. Gracias por ello y por todos los regalos que he recibido de ti. Mi mejor manera de quererte es ofrecer todos esos dones a los demás, para que ellos sean también participes de la madre que tengo. ¡¡Viva la madre que me parió!!.

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